lunes, 21 de agosto de 2017

Real

He idealizado miles de momentos para descubrir que ninguno nunca ha sido ideal. He imaginado situaciones y una vez tras otra he despertado como si de sueños se tratase. Después de todo aprendes a vivir lo que realmente tienes sin esperar nada más. Así te llevas sorpresas y disfrutas de cada segundo sin pensar qué ocurrirá después.

Es necesario equivocarse para aprender, no hay que temerle a eso. Aunque no lo crean, a veces, todo cuanto ocurre te dirige hacia el lugar que te corresponde, un buen lugar para ti.


Como se suele decir, no piensen tanto y sientan lo que viven ahora.

viernes, 18 de agosto de 2017

Fortaleza

Llega un momento en que deja de doler. El reloj ha marcado las mismas horas demasiadas veces y ya no importa que vuelva a hacerlo. Las fotos se descuelgan de la pared y a veces se echa de menos lo que se sentía, aunque ya no se desee verlas. Mil veces más de las que me gustaría despierto con sueños que no quiero soñar y permanecer despierto es la acción más inteligente. Me pregunto cuántas noches faltan para cumplir la condena y trato cada día de encontrar la mejor versión de mí mismo para destruir la anterior. No parecía un plan tan complicado cuando estudiaba la teoría, y sin embargo sigo arrastrando ciertas piedras que por algún extraño motivo me cuesta soltar. El suelo parece un buen sitio donde descansar, pero tras tanto uno se da cuenta de que es momento de estirar las piernas. Entonces sigo observando la teoría con la intención de alcanzar el doctorado, pero tras tanto observar sigo sin saber qué hacer. Supongo que está bien, al aprender se parte de cero. Así que no tengo prisa, aun cuando algunos días la paciencia se antoje caprichosa; detendré el reloj hoy e intentaré avanzar ahora que nadie se mueve. Quién sabe, tal vez así nunca noten que estuve en el suelo tanto tiempo.

lunes, 7 de agosto de 2017

En un segundo (Microrrelato)

Vi el barco partir, desde la orilla, de noche. El agua estaba tan en calma que parecía que se trataba de otro universo, lleno de millones de estrellas que también contemplaban cómo marchaba. Me sentí en el aire, escuchando el silencio y la turbina de aquel barco vacío. Me senté en la arena mientras se esfumaba en el horizonte y me tumbé definitivamente para observar las estrellas fugaces; su impermanencia y su belleza. Estaba solo entre tanto, abrumado y algo asustado. Buscaba el calor de unos brazos mientras acariciaba la arena fría y una bocanada de aire entró en mis pulmones sin avisar. Continué durante mucho tiempo en la misma posición, tratando de acostumbrarme a dicho sentimiento, a dicha situación. Pronto comencé a temblar y las olas empezaron a llegar a la orilla. Me senté, algo aturdido, y miré el mar para ver el cielo pero ya el agua estaba agitada y solo pude ver mi reflejo partido. Me miré a los ojos tal cual me veía y entonces comprendí.

Una sensación actual no determina toda tu vida; algo amargo presente no será amargo para siempre. Tal vez no te sientas completo ahora pero algún día, antes de lo que puedas imaginar, tu reflejo dejará de estar partido.

A la noche siguiente volví a la orilla y un barco llegaba, repleto de gente, con música y bailes. En el mar podía ver de nuevo el cielo y la arena no estaba tan fría. Mi reflejo me sonreía, inmóvil, estable. Me acosté de nuevo y en un segundo brillaron cientos de estrellas fugaces para quedarse en mi retina a modo de recuerdo; uno brillante, que de paso a miles de nuevos deseos. Me incorporé y entonces, a lo lejos, una silueta se miraba en el agua, agitada nuevamente. En ella caían sus lágrimas y sus manos no paraban de temblar. Lentamente, con suavidad, las arropé con las mías. Una última estrella iluminó el mar y el cielo y nosotros, abrumados, algo asustados, nos sonreímos con un beso de miradas. En un segundo amaneció y el calor del Sol secó sus lágrimas y calentó mis manos. En un segundo todo cambió y el miedo quedó enterrado bajo la arena.